Un cosquilleo en el pie, es un rayo de sol que se ha colado por la ventana, me revuelvo en la cama pero no abro los ojos, quiero quedarme un rato más, en ese paréntesis, en ese momento donde ya no duermes pero tampoco estás despierto, donde la realidad no llega, tan sólo los sueños. Noto un soplo de aire, huele a verano, es suficiente, la mente hace el resto, y estoy en la playa con mi hermana, es una mañana soleada, apenas hay gente (eh, si se sueña se sueña bien), mis padres pasean mientras yo y mi hermana estamos sentadas en la orilla, estamos ocupadas, cada una hace su castillo de arena, con el cejo fruncido de la concentración, primero el diseño del castillo, quiero que sea grande, quiero que sea inmenso, pero ya sé que hay que ir poco a poco, así que pienso en la base, podría hacer uno central, el primero, y luego ya ir ampliando, perfecto, manos a la obra. Me levanto y cojo un par de cubos, me acerco a la orilla y lleno uno de agua, el otro lo lleno de arena seca (mi hermana me mira intrigada, ella ya ha hecho unas cuantas torres sin pensárselo). Limpio el terreno, lo aliso, ¿cuadrado o redondo? cuadrado, cojo el cubo cuadrado y me pongo a hacer cuatro torres formando un rectángulo, después la muralla con arena mojada. Me paro, miro a la orilla y veo que la marea sube: ¡Un foso! Hecho. Se van acercando personas a mirar cómo lo hago, me ayudan, somos un montón de gente, cada vez es más gente la que se acerca y ayuda, se arremangan, traen cubos, sugieren ideas. Así se pasa el día, torres por aquí, murallas por allá, unas escaleras, un túnel, algunas conchas para decorarlo, arena seca por encima y sí, está listo, aunque ya se ha ido el sol no me importa, es el mejor castillo del mundo, que digo castillo, ¡si es casi el reino entero!
Todos nos sentamos cansados, contemplamos como la marea sube, como el foso se va llenando, anunciando lo irremediable. Pero no es la marea quien se lo lleva por delante, un grupo de niños que había estado mirando de lejos pero no había participado se levanta y corre hacia nuestro reino, y lo pisotea entero, y se ríen, todos se ríen y nos señalan con el dedo.
Me quedo sentada, contemplándolo, la pregunta ¿Por qué? se refleja en nuestro rostro. ¿No han visto lo que nos ha costado? ¿no se han dado cuenta de la ilusión que poníamos al hacerlo? Todas las decisiones, todo el trabajo en equipo, todas las esperanzas, todo el progreso. ¿No entienden que no queríamos más que divertirnos mientras creábamos? ¿Que no pretendíamos herir a nadie? ¿Que era un proyecto de futuro construido por todos y para todos? Que había un cartel tan grande como una casa donde se leía bien claro "AFORO LIBRE". ¡Incluso había un buzón de sugerencias!
¿Y ahora? no, de verdad, ¿y ahora? Tantos esfuerzos, tantos años de obstáculos salvados ¿para qué? ¿para que lleguéis vosotros y con un par de pisotones lo echéis abajo? ¿y pensáis que nos vamos a quedar de brazos cruzados? No, lo siento, puede que nuestra primera reacción haya sido de sorpresa pero la movilidad vuelve a nuestros cuerpos, esto no se queda así.
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