La fragilidad de la mente
Pocas personas sabrían describir esa mirada, y no estoy entre ellas, pero trataré de que veáis lo que yo veo. Está sentada en el autobús mirando por la ventana, está cansada pero su cabeza está erguida y sus piernas suavemente cruzadas. Su cara, llena de arrugas, se muestra inexpresiva, a pesar de que dentro de ella se desatan mil y un sentimientos. Ella sueña, sueña con volver atrás, sueña con tener todo lo que ha ido sacrificando. Si entraras en el autobús con prisa sólo verías a una mujer más joven de lo que el tiempo dice, pero si te parases a mirar atentamente a esa mujer, en concreto a sus ojos, te darías cuenta de lo que es en realidad, su propia cárcel. No has de mirarla a los ojos cuando ella lo note, pues no será ella quien te mire sino su carcelera, debes mirarla cuando ella piense que está sola, en ese momento del día donde el cuerpo y sobre todo la mente necesitan descansar, la carcelera estará durmiendo aunque con un ojo abierto, siempre duerme con un ojo abierto, por lo que deberás tener cuidado de no hacer ruido.
En el momento en el que te asomes te olvidarás de donde estabas, las personas de tu alrededor se convertirán en sombras, sus palabras en susurros y pronto sentirás como te elevas y viajas tan rápido que cerrarás los ojos para no marearte. Cuando abras los ojos te encontrarás con un paisaje inhóspito, el cielo será gris y estará lleno de nubes que amenazan con descargar su lluvia sobre ti, los árboles estarán secos y torcidos, y notarás un viento gélido en la nuca. Y en un rincón estará ella, una niña de apenas unos siete años, porque eso somos todos, niños. Te sorprenderá que no esté llorando, ni tampoco triste, tendrá la mayor de las sonrisas e irá corriendo a recibirte, ha estado tanto tiempo sola. A medida que juguéis el cielo se irá despejando, veréis volar a algún pájaro extraviado y puede que incluso empiece a hacer calor, pero durará poco, las risas de la niña harán que la carcelera se despierte y te devuelva de golpe con una mirada hostil a la realidad.
Ella se bajará del autobús sin sonreír a nadie y de nuevo en guardia, pero de pronto notará que por su mejilla se ha deslizado una lágrima, se la secará antes de que nadie la vea pero sonreirá por dentro, ya vuelve a sentir. :) Te quiero.
1 comentario:
Lo frágil y lo frugal. ¿Para qué mirar los rostros dónde ya no estás? pareces decir...
Tus palabras inundan los ojos de mi memoria. Saludos.
cielochompa@hotmail.com
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